Cortázar
La pasión por el jazz lo llevó a integrar en sus relatos, la música, sus intérpretes, nombres de grandes jazz-men. Una pasión apoyada en una gran curiosidad hizo de él, un excelso conocedor, un melómano empedernido, capaz de describir hábilmente a un crítico de jazz en “el perseguidor” ; de dejarse llevar por un solo inimitable de Miles Davis; de hacer el recuento de los muchos Satchmos que conoció a lo largo de su vida, aunque en realidad fueran uno solo: aquel enormísimo cronopio. García Márquez en un prólogo a “ todos los fuegos el fuego” nos echa este cuento: en un tren Hacia Praga con Carlos fuentes y Cortázar, entre grandes vasos de cerveza y ya bien entrada la noche, alguien pregunta de manera desprevenida sobre cuándo se integra el piano a los conjuntos de jazz, a lo que Julio con humo saliendo de aquella barba frondosa que escondía su eterna cara de niño responde con una detallada cátedra “... que culminó con las primeras luces en una apología Homérica de Theolonius Monk.” , De quien el mismo Cortázar nos dirá, acerca de un concierto suyo en Ginebra en 1966: Theolonius va al piano, “Entonces es Pannonica o Blue Monk Tres sombras como espigas rodean al oso investigando las colmenas del teclado, las burdas zarpas bondadosas yendo y viniendo entre abejas desconcertadas y exágonos de sonido, ha pasado apenas un minuto y ya estamos en la noche fuera del tiempo, la noche primitiva y delicada de Theolonius Monk.” Y del tiempo y de su raro modo , sospecha tenazmente en muchos de sus relatos, una sospecha que nos deja tristes, por no ser más que eso, una simple sospecha que no nos revela nada, es tan sólo una vana esperanza de que algo hay más allá, más allá de las notas, de la música, de la partitura y de la corbata; algo que en los quince minutos de minuto y medio de Jhonny Carter se puede pensar; ya sea un vestido rojo, que deja atrás la textura o el color mismo, un vestido que pasa a ser una sonrisa, que se convierte en un friíto en el estómago, en algo que al tiempo le queda grande medir. Relatos suyos nos dejan perplejos ante lo absurdo de la vida, por que si la vida es ser critico de jazz, o andar en un bicho zumbante por caminos empedrados esperando las silenciosas órdenes de faroles verdes y rojos, entonces alguien se burla de nosotros. Éste hombre de manos gigantes, de infinita imaginación, nos maravillará por siempre no sólo por su ejemplar profundidad frente a los problemas del alma , sino también por su fuerte compromiso con los pueblos latinoamericanos, por su “reunión” que es la revolución cubana inmortalizada, por sus relatos en “Nicaragua tan violentamente dulce”

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